¡Cuán
fácil y ligero es el paso que te saca de los estrechos confines del
mundo del miedo una vez que has reconocido de ¡Quién es la mano de la que
vas asido! Tienes a mano todo lo necesario para poder alejarte del
miedo para siempre con perfecta certeza, y para seguir adelante y llegar
cuanto antes a las puertas del Cielo. Pues aquel de cuya mano vas asido
sólo estaba esperando a que te unieses a Él. Y ahora que has venido,
¿se demoraría Él en mostrarte el camino que debe recorrer contigo? Su
bendición descansa sobre ti tan indudablemente como el Amor de Dios
descansa sobre Él. Su gratitud hacia ti sobrepasa tu entendimiento, pues
tú le has permitido liberarse de sus cadenas para que juntos os
dirijáis a la morada de Su Padre.Un viejo odio está desapareciendo del mundo. Y con él va desapareciendo también todo miedo y rencor. No vuelvas la vista atrás, pues lo que te espera más adelante es lo que siempre anhelaste en tu corazón. ¡Renuncia al mundo! Pero no con una actitud de sacrificio, pues nunca lo deseaste. ¿Qué felicidad que jamás buscaste en él no te ocasionó dolor?¿Qué momento de satisfacción no se compró con monedas de sufrimiento y a un precio exorbitante?.La dicha no cuesta nada. Es tu sagrado derecho, pues por lo que pagas no es felicidad.¡Que la honestidad te acelere en tu camino, y que al contemplar en retrospectiva las experiencias que has tenido aquí no te dejes engañar!. Por todas ellas hubo que pagar un precio exorbitante y sufrir penosas consecuencias.
Capítulo 30, Sección V, Pag. 718
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