lunes, 28 de octubre de 2013

Hoy no juzgaré nada de lo que ocurra…

Hoy seré honesto conmigo mismo. No pensaré que ya sé lo que no puede sino estar más allá de mi presente entendimiento. No pensaré que entiendo la totalidad basándome en unos cuantos fragmentos de mi percepción, que es lo único que puedo ver. Hoy reconozco esto. Y así quedo eximido de tener que emitir juicios que en realidad no puedo hacer. De esta manera, me libero a mí mismo y a todo lo que veo, de modo que pueda estar en paz tal como Dios nos creó.
Lección 243, Párrafo 1
Es necesario que el maestro de Dios se dé cuenta, no de que no debe juzgar, sino de que no puede. Al renunciar a los juicios, renuncia simplemente a lo que nunca tuvo. Renuncia a una ilusión; o mejor dicho, tiene la ilusión de renunciar a algo.
En realidad, simplemente se ha vuelto más honesto. Al reconocer que nunca le fue posible juzgar, deja de intentarlo. Esto no es un sacrificio. Por el contrario, se coloca a sí mismo en una posición en la que el juicio puede tener lugar a través suyo, en lugar de ser emitido por él. Y este juicio no es ni "bueno" ni "malo" Es el único juicio que existe, y es sólo uno: "El Hijo de Dios es inocente y el pecado no existe".
Manual del Maestro Sección 10, Párrafo 2

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